miércoles, 27 de enero de 2010

ELECCIONES DEL PODER POPULAR EN CUBA



En Cuba hay Elecciones Municipales el 25 de abril de 2010. Casi 8 millones de votantes decidirán en las urnas quiénes serán los Delegados Municipales del Poder Popular en los 169 municipios del país durante los próximos dos años y medio. 37.167 colegios electorales permitirán a los cubanos elegir entre los 32.634 candidatos postulados en más de 41 mil asambleas celebradas en barrios y comunidades rurales. De ellos el 28,37% son mujeres, el 23% jóvenes y más del 80% tiene enseñanza media superior o universitaria.




El Consejo de Estado, conforme a lo establecido en la Constitución de la República y la Ley No. 72 de 29 de octubre de 1992, Ley Electoral, acordó convocar a elecciones parciales para elegir a los delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular, las que se efectuarán el domingo 25 de abril de 2010.



Asimismo, que el siguiente domingo, 2 de mayo, se efectúen las elecciones de segunda vuelta en aquellas circunscripciones en que ninguno de los candidatos hubiere obtenido más del cincuenta por ciento de los votos válidos emitidos.

Antes de entrar en detalles sobre este proceso electoral referiremos primero los principios generales que caracterizan el Sistema Electoral Cubano:



a) Elecciones generales, en las que se elige a los Diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular, su Presidente, Vicepresidente y Secretario al Presidente, Primer Vicepresidente, Vicepresidentes, Secretario y demás miembros del Consejo de Estado a los Delegados a las Asambleas Provinciales y Municipales del poder Popular y a su vez Presidentes y Vicepresidentes. Cada cinco años.



b) Elecciones parciales, en las que se elige a los Delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular y sus Presidentes y Vicepresidentes. Cada dos años y medio.



• Todos los ciudadanos con capacidad legal para ello, tienen derecho a intervenir en la dirección del Estado, bien directamente o por intermedio de sus representantes.

• El Partido no propone, no postula ni promueve candidatos, es el propio pueblo, los electores los que tienen esa facultad la que ejercen en asambleas públicas en acto libre y soberano.

• Inscripción universal, automática y gratuita de los electores en el registro electoral.



• El voto es libre, igual y secreto y cada elector tiene derecho a un solo voto.



• Tienen derecho al voto los cubanos que hayan cumplido 16 años, excepto los incapacitados mentales previa declaración judicial de su incapacidad y los incapacitados judicialmente por causa de delitos.



• Derecho de los mayores de 16 años de edad a ser elegidos. Cuando se trate de Diputados a la Asamblea Nacional se requiere tener 18 años.



• Derecho de los miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y demás miembros de los institutos armados a elegir y ser electos.



• Inexistencia de campañas electorales discriminatorias, millonarias, ofensivas, difamatorias y denigrantes. Los candidatos no pueden hacer campañas a su favor.



• Total transparencia en los comicios.



• Obligación de que todos los electos lo sean por mayoría. El candidato sólo es electo si obtiene más del 50% de los votos válidos emitidos.



• Alta participación del pueblo en las elecciones. En todos los procesos electorales que se han celebrado desde el año 1976, han participado más del 95% de los electores.



Aspectos fundamentales del sistema electoral cubano aplicables a las elecciones para delegados a las asambleas municipales del Poder Popular:



1. En el caso de las elecciones para Delegados a las Asambleas Municipales se pueden nominar o postular, en cada circunscripción, entre dos u ocho candidatos conforme establece la Ley Electoral. Siempre debe de haber por lo menos dos candidatos postulados en cada circunscripción y se vota, el día de las elecciones, por un solo candidato.



2. La divulgación la realizan las Comisiones Electorales con un profundo sentido cívico y ético.



3. Las urnas son custodiadas simbólicamente por niños y adolescentes.



4. Carácter elegible, renovable y revocable de todos los integrantes de los órganos representativos del poder del Estado.



5. Obligación de los elegidos de rendir cuenta de su actuación ante los electores.



6. Los elegidos pueden ser revocados en cualquier momento de su mandato por las causas y según el procedimiento establecido en la ley.



7. Los Delegados no son profesionales en su función; mantienen la actividad laboral que desempeñan y sólo excepcionalmente, y mientras dure su mandato, devengan su salario por la respectiva Asamblea como es el caso de los Presidentes y Vicepresidentes.



Para algunos en el mundo debe haberles sonado algo raro el anuncio del Consejo de Estado de la República de Cuba sobre que el domingo 25 de abril se efectuarán las elecciones para delegados a las 169 Asambleas Municipales del Poder Popular.

Eso es perfectamente comprensible, pues uno de los componentes principales de la guerra mediática contra la Revolución cubana ha sido negar, escamotear o silenciar la realización de elecciones democráticas: las parciales, cada dos años y medio, para elegir a delegados (concejales), y las generales, cada cinco, para elegir a los diputados nacionales e integrantes de las asambleas provinciales.



Cuba entra en su décimo tercer proceso electoral desde 1976 con la participación entusiasta y responsable de todos los ciudadanos mayores de 16 años de edad. En esta ocasión se trata de elecciones parciales.



A la luz de las elecciones convocadas para el próximo 25 de abril, quiero solamente comentarles en este artículo, dentro de la mayor brevedad posible, cuatro rasgos del proceso electoral en Cuba, aún susceptibles de perfeccionamiento, que marcan sustanciales diferencias con los mecanismos existentes para la celebración de elecciones en las llamadas “democracias representativas”. Esos aspectos son: 1) Registro Electoral; 2) Asambleas de Nominación de Candidatos a Delegados; 3) Propaganda Electoral; y 4) La votación y escrutinio.



El Registro Electoral es automático, universal, gratuito y público. Al nacer un cubano no sólo tiene derecho a recibir educación y salud gratuitamente, sino que cuando arriba a los 16 años de edad automáticamente se le inscribe en el Registro Electoral. Por razones de sexo, religión, raza o filosofía política a nadie se le excluye. Tampoco si pertenece a los cuerpos de defensa y seguridad del país. A nadie se le cobra un solo centavo por aparecer inscripto, y mucho menos se le somete a engorrosos trámites burocráticos como exigirles fotos, sellos del timbre o la toma de huellas dactilares. El Registro es público, se expone en lugares de masiva afluencia del pueblo en cada circunscripción.



Todo ese mecanismo público posibilita, desde los inicios del proceso electoral, que cada ciudadano con capacidad legal pueda ejercer su derecho de elegir o resultar elegido. E impide la posibilidad de fraude, lo que es muy común en países que se llaman democráticos. La base del fraude en todas partes está, en primer lugar, en que la inmensa mayoría de los electores no saben quienes tienen derecho a votar. Eso sólo lo conocen o dominan unas pocas maquinarias políticas. Y, por eso, hay muertos que votan varias veces, o, como pasa en Estados Unidos, numerosos ciudadanos no son incluidos en los registros porque alguna vez fueron condenados por los tribunales, a pesar de haber cumplido sus sentencias.



Lo que más distingue y diferencia a las elecciones en Cuba de otras son las asambleas de nominación de candidatos. En otros países la esencia del sistema democrático es que los candidatos surjan de los partidos, de la competencia entre varios partidos y candidatos. Eso no es así en Cuba. Los candidatos no salen de ninguna maquinaria política. El Partido Comunista de Cuba, fuerza dirigente de la sociedad y el Estado, no es una organización con propósitos electorales. Ni postula, ni elige ni revoca a ninguno de los miles de hombres y mujeres que ocupan los cargos representativos del Estado cubano. Entre sus fines nunca ha estado ni estará ganar bancas en la Asamblea Nacional o en las Asambleas Provinciales o Municipales del Poder Popular. En cada uno de los procesos celebrados hasta la fecha han sido propuestos y elegidos numerosos militantes del Partido, porque sus conciudadanos los consideraron personas con méritos y aptitudes, pero no debido a su militancia.



Los cubanos y cubanas tienen el privilegio de postular a sus candidatos sobre la base de sus méritos y capacidad, en asambleas de residentes en barrios, demarcaciones o áreas en las ciudades o en el campo. A mano alzada se hace la votación en esas asambleas, donde resulta electo aquel propuesto que obtenga mayor número de votos. En cada circunscripción electoral hoy varias áreas de nominación, y la Ley Electoral garantiza que al menos dos candidatos, y hasta 8, puedan ser los que aparezcan en las boletas para la elección de delegados del próximo 25 de abril.

por Ana Evis Echemendia Diaz.



Tomado de: Indymedia Colombia

MARCATISMO CON FACEBOOK



MONTAJE EN INTERNET QUE PONE EN RIESGO LA VIDA DE INTEGRANTES DE LA JUVENTUD COMUNISTA COLOMBIANA

Denuncia pública ante la opinión publica nacional e internacional:



La Juventud Comunista Colombiana (JUCO), organización política juvenil del Partido Comunista Colombiano (PCC), denuncia ante la opinión pública nacional e internacional la grave situación que viene atravesando varios militantes de la JUCO.



Ponemos en conocimiento de todos los interesados:



Durante el transcurso de los días 18 y 19 del mes en curso, se han venido creando cuentas en la pagina Facebook utilizando montajes y colocando en riesgo la integridad física de los compañeros: JUAN CAMILO PUERTA VELASQUEZ, militante de la Juventud Comunista Colombiana, integrante del Comité Ejecutivo Municipal del Polo Democrático Alternativo en Medellín; GINA ALZATE SOTO, militante de la JUCO y familiar asociada de ASFADDES; ANA CASTAÑEDA, estudiante de la Universidad Nacional sede Medellín; y el compañero ANDRES ALVAREZ GALINDEZ, miembro del Comité Ejecutivo Central de la JUCO.



1. En apartes de las cuentas que abrieron a nombre de los compañeros:JUAN CAMILO PUERTA VELASQUEZ, GINA ALZATE SOTO, ANA CASTAÑEDA y ANDRES ALVAREZ GALINDEZ se están realizando montajes con imágenes de Manuel Marulanda, fotos personales, y mensajes alusivos señalándolos como miembro FARC y el PC3.



ANTECEDENTES



JUAN CAMILO PUERTA VELASQUEZ es hijo del defensor de Derechos Humanos EVERARDO DE JESUS PUERTA, miembro de la Fundación Comité de Solidaridad con los Presos Políticos, Asesinado el 30 de Enero de 1999 en la autopista Medellín, Bogotá. Así mismo fue participante del intercambio entre la Juventud Comunista y la Juventud Socialista de Noruega (SU) entre los años 2008 y 2009, dicho intercambio ha sido señalado por diferentes medios de comunicación como un medio por el cual miembros de las FARC viajan al país escandinavo ha hacer proselitismo político.



GINA ALZATE SOTO y ANA CASTAÑEDA son estudiantes de Historia de la Universidad Nacional de Colombia y su trabajo académico ha sido desarrollado alrededor del tema de la desaparición forzada en Medellín, vinculadas al trabajo de apoyo a la Asociación de Familiares de detenidos Desaparecidos ASFADDES.



ANDRES ALVAREZ GALINDEZ fue militante de la JUCO en el Local Medellín de donde se tuvo que desplazar para la ciudad de Bogotá por amenazas contra su vida.



Nuestra organización ha sido víctima de la persecución del Estado representado en la IV brigada del ejercito y en la fiscalía seccional 74 de Medellín, en donde los montajes contra deferentes dirigentes sociales y políticos fue evidente tras la apertura del caso. En Este se involucraron los partidos políticos polo democrático alternativo y la ASI. Dirigentes comunistas como Andrés Álvarez, Mariano Guerra y Zamy Zapata están involucrados con falsas pruebas. Además de comunicados difamatorios en contra de la actividades de diferentes organizaciones de DDHH. y Políticas en Medellín.



La Juventud Comunista Colombiana ha sido víctima de constantes amenazas producto del rearme de los paramilitares, ahora autodenominados “Águilas Negras”, generando constantes hostigamientos y persecuciones contra nuestra organización en esta región del país.



El gobierno del señor Álvaro Uribe Vélez mantiene una actitud hostil contra los dirigentes de oposición política en Colombia, con un constante ataque y señalamiento contra las organizaciones sociales, políticas, juveniles, sindicales entre otras, todos estos señalamientos generan un estado de vulnerabilidad ante los grupos paramilitares, ya que se tiende a justificar el accionar militar contra los jóvenes que se oponen a la política de seguridad democrática.



El PCC y la JUCO son organizaciones legales, amparadas con medidas cautelares que el Gobierno debió decretar por recomendación de la Comisión Interamericana de DD.HH. de la OEA y debe ser protegido según el decreto 978 de junio de 2000.



1. Garantías en el ejercicio del derecho a la organización y a la actividad política, sin que esto sea causante de persecución. Solicitamos se exija al presidente de la República se retracte de los señalamientos del alto gobierno contra la izquierda colombiana, contra los jóvenes en las distintas expresiones organizativas.



2. Garantizar una investigación independiente, imparcial y eficaz de los hechos denunciados, que permita el enjuiciamiento y sanción de los responsables.



3. Respeto por la oposición política de los integrantes de la Juventud Comunista Colombiana y el Partido Comunista Colombiano como es sabido por todos la JUCO es parte e integrante del Polo Democrático Alternativo quienes abiertamente nos oponemos a las políticas implementadas por el gobierno de Álvaro Uribe Vélez.



4. Responsabilizamos al Gobierno Nacional y las Fuerzas de Seguridad del Estado ante cualquier atentado contra la vida y la integridad física y psicológica, que por acción o por omisión de estas instituciones, se presente contra los miembros de nuestra organización política.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Trabajadores seguirán en la toma de la Clínica Manizales



"Hasta que no haya hechos concretos no nos iremos", dijo ayer Jairo Gutiérrez López, Presidente del Sindicato de Trabajadores de Clínicas y Centros Asistenciales (Sintracliceas), el cual decidió en asamblea general continuar con la toma de la Clínica Manizales hasta la próxima reunión con las directivas, que será este lunes.

Redacción/LA PATRIA

Manizales


"Hasta que no haya hechos concretos no nos iremos", dijo ayer Jairo Gutiérrez López, Presidente del Sindicato de Trabajadores de Clínicas y Centros Asistenciales (Sintracliceas), el cual decidió en asamblea general continuar con la toma de la Clínica Manizales hasta la próxima reunión con las directivas, que será este lunes.

La ocupación de las instalaciones la hicieron el pasado jueves como una protesta por la falta del pago de siete meses de sueldo, prima y seguridad social. Dos meses y medios atrás se tuvo que cerrar la Clínica por inviabilidad económica.

La decisión se tomó tras la reunión que sostuvieron en la mañana representantes de Sintracliceas con el Gerente de la entidad, Óscar Gómez, y funcionarios del Ministerio de la Protección Social. También estuvo el Presidente de la Central Unitaria de Trabajadores, Óscar Arturo Orozco.

Al sitio llegó la periodista de este medio para preguntarle al Gerente sobre la posición que tomaría y las posibles soluciones, pero este se negó a responderle. "No tengo nada para decirle a LA PATRIA", sostuvo. Igual fue la respuesta el día anterior, cuando se intentó una comunicación telefónica.

El encuentro, que se hizo en la Regional de Trabajo y donde será de nuevo este lunes, tardó tres horas. Se llegó al acuerdo de una segunda reunión, pues no hubo ofertas concretas sobre la forma de pago. La Junta Directiva de la entidad analizará la situación.

"El Gerente nos aseguró que le deben mucha plata a la Clínica. Calculamos que en meros salarios se deben cerca de $1.500 millones de pesos. De todas formas quedamos satisfechos con lo de hoy y esperamos una respuesta concreta para poder levantar la toma", concluyó Gutiérrez López.



ver: http://www.lapatria.com/Noticias/ver_noticia.aspx?CODNOT=81424&CODSEC=2

miércoles, 18 de noviembre de 2009

"Carta a mis padres: Miguel Antonio Beltrán y Alba Ruth Villegas"








Miguel Ángel Beltrán Villegas

Imagino sus caras de sorpresa cuando el viernes pasado (22 de mayo) escucharon decir al comandante de la policía, General Oscar Naranjo, que el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) había capturado “al terrorista más peligroso de las FARC” y que se trataba de un profesor universitario que respondía igual que vuestro hijo al nombre de Miguel Ángel Beltrán Villegas.

Supongo que de de no ser por las inquietantes imágenes de televisión, que corroboraban la noticia, donde se me presentaba esposado, con un chaleco antibalas de color negro, un tapabocas y un impresionante dispositivo de seguridad, papá hubiera lanzado una descomunal carcajada, comentando la noticia con su acostumbrado humor negro: “si mi hijo es terrorista, Uribe es la Virgen Santísima”.

Pero en este país del Sagrado Corazón de Jesús, donde los mal llamados “falsos positivos” (en realidad verdaderos crímenes de Estado) ejecutados a “sangre fría” son el pan de cada día, todo es posible… Incluso que los noticieros señalen al presidente Álvaro Uribe como el mandatario más popular de América Latina y a mí, como un peligroso terrorista internacional.

Al día siguiente en los calabozos de la SIJIN de Bogotá, un guardia me compartió amablemente un artículo publicado por el diario “El Tiempo” y que parecía un panfleto escrito en los tiempos de la “guerra fría” cuando se decía que “los comunistas comían niños”. En su columna el reportero señalaba que ustedes dos eran guerrilleros y que yo había realizado mis estudios en la extinta Unión Soviética. Esta vez –les confieso- quien no pudo contener la risa fui yo: “mis padres chusmeros, vaya que chiste tan bueno”, imaginaba en medio de la hilaridad que me producía la noticia que si yo era sindicado de ser “alias Cienfuegos” seguramente papá fue conocido como “chispas” y mamá como “pólvora” u otro explosivo nombre de guerra.

Mas allá de que la irresponsable aseveración del periodista, puso en grave riesgo la integridad personal de ustedes dado que en este país los ex guerrilleros han sido impunemente asesinados, como lo ilustra la muerte de Guadalupe Salcedo, “Charro Negro”, Carlos Toledo Plata, Carlos Pizarro y muchos más, quisiera decirles que secretamente pensé que era un orgullo que en el citado artículo de prensa los señalaran de guerrilleros ¿acaso no fueron los ejercito irregulares patriotas los que derrotaron más de tres siglos de colonialismo español? ¿No fueron los guerrilleros liberales los que enfrentaron las dictaduras civiles conservadoras en los años cuarenta y cincuenta? ¿No ha sido la acción guerrillera la que ha preservado los escasos resquicios de democracia que hoy subsisten en el país?

En Colombia la historia ha demostrado que guerrillero es sinónimo de altruismo, resistencia y dignidad; los Llanos, Chaparral, Villarrica, Marquetalia, Sumapaz y el Guayabero pueden dar fe de ello. Insultante hubiese sido que los llamaran “congresistas “o “asesores presidenciales”, ocupación asociada hoy a la corrupción, el narcotráfico y el paramilitarismo.

Pero la vida les reservo otros caminos: papá se convirtió en un ex sargento viceprimero de la policía y mi progenitora en una abnegada madre dedicada al cuidado del hogar. Con la generosidad y entrega de ustedes dos, sobreviviendo con una precaria pensión de policía habitando una casa en “obra negra”, que les subsidió el programa de de la “Alianza para el Progreso” (y que terminaron de levantar ladrillo a ladrillo), lograron criar, educar y alimentar siete hijos: cinco mujeres y dos hombres. De tal modo que si alguna profesión ejercieron ustedes –hay que aclararle al periodista- no fue la de guerrilleros sino la de magos e ilusionistas.

Hoy confinado en este pabellón de alta seguridad donde las horas transcurren lenta y monótonamente, resulta inevitable recrear en mi mente esas historias familiares que ahora se anudan en mi garganta como un grito de rebeldía contra toda la injusticia que descarga sobre mí este régimen corrupto y narco paramilitar.

Todavía tengo fresco en mi memoria aquel lejano día, cuando la abuela Sofía me relató, sin derramar tan siquiera una lágrima porque sus ojos estaban secos del sufrimiento, la muerte de Víctor Villegas, mi abuelo materno, quien era dueño de una extensa finca cafetera en el viejo Caldas. Una tarde cualquiera – me contó la abuela- su vida fue segada a machetazos, por el “delito” de ser “cachiporro”. Su cuerpo inerte permaneció tendido varias horas en la plaza del pueblo. Nadie se atrevía a recogerlo por temor a las represalias, pero mi abuela que siempre se distinguió por tener un carácter fuerte, haciendo caso omiso de los ruegos de amigos y vecinos, se dirigió a la plaza del pueblo, recogió el cadáver, lo cargó varios kilómetros y, en una ceremonia casi privada, le dio cristiana sepultura.

Antes que concluyera el relato mis ojos estaban cargados de lágrimas, por eso tal vez la abuela que conocía mi sensibilidad nunca me contó que en el momento de enterrar a su difunto esposo, en su vientre una pequeña de apenas ocho meses de existencia agitaba su cabecita, como preguntándose por qué le privaban la posibilidad de tener un padre que le arrullara en la cuna, la besara en la frente antes de dormirse y la llevara al parque. Mi tía Yormen – como después bautizaron esta niña - creció así como han crecido millares de colombianos esto es, como hijos del conflicto armado y social que ha azotado al país por décadas.

Fue así como mi imaginación infantil empezó a poblarse con las historias de “La Violencia” que salían a relucir, cada vez que llegaba a la casa una visita familiar. Recuerdo que, como éramos niños, nos mandaban a dormir porque se trataba de “una conversación para adultos”. Pero mi curiosidad era más grande y contraviniendo las órdenes paternas, escuché detrás de las escaleras que conducían al segundo piso de nuestra casa, algunas palabras que mucho después cobrarían sentido para mí: “godos”, “cachiporros”, “pájaros”, “chusmeros”, “chulavitas”, “Gaitán”, “sangrenegra”, “venganza”, “laureanistas” y otros más.

Muy pronto los relatos de hadas encantadas y de príncipes valientes que con sus besos deshacían los maleficios de la bruja malvada, fueron sustituidos por los terroríficos cuentos de la policía chulavita que incursionaba en los pueblos liberales, les cortaba a los hombres el pene y lo colocaban en la boca de sus víctimas por los relatos fantásticos de hombres de filiación liberal que eran obligados a caminar descalzos sobre brasas calientes, mientras que a sus mujeres embarazadas les extraían el feto y los ensartaban en la punta de sus bayonetas, exhibiendo con orgullo su preciado trofeo.

Escuchaba estas historias con una mezcla de terror y fascinación y, como era de esperarse, en lo profundo de la noche me resultaba imposible conciliar el sueño. Entonces acudía donde mi hermana mayor que me arropaba entre sus brazos y acariciándome la cabeza me decía con su dulce voz que me durmiera, que esas historias habían ocurrido hace mucho tiempo por allá en la época de la violencia, pero que ahora todo era diferente “godos” y “cachiporros” convivían juntos y ya no se mataban. Al escuchar estas palabras una sensación de seguridad invadía todo mi cuerpo y cerraba los ojos agradecido con la vida por no haber tenido que padecer el horror de aquellos años.
Y así como en mis lecturas infantiles mis simpatías se alineaban con las más débiles (caperucita roja, Blanca Nieves y la Cenicienta) y mis odios con los más crueles ( el lobo, la bruja y la madrastra) en los relatos que escuchaba de ustedes no me fue difícil tomar partido a favor de los “cachiporros”. Es cierto que a mis escasos cinco años no entendía que significaba esta palabra, pero en lo más profundo de mi corazón algo me indicaba que ellos eran los buenos y los “godos” los malos.

En mi lógica infantil hubo sin embargo algo que empezó a inquietarme constantemente, los “chulavitas” eran policías, y éstos a su vez eran “godos”, pero ¡vaya horror!, papá era policía. La preocupación rondaba tanto mi cabeza que un día me llené de valor y cerrando los ojos me atreví a preguntar: ¿papá cuántos cachiporros mató usted? Yo esperaba un severo castigo a mi atrevimiento, pero como única respuesta obtuve una estrepitosa carcajada. En mi mente infantil esa risotada significaba que había asesinado y descuartizado a miles de liberales. Entonces mi cara se puso seria y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Ante la certeza de algo que ya sospechaba, la imagen del padre ejemplar, del padre cariñoso, del padre bueno estallaba en mil pedazos, como un cristal al estrellarse con el piso.

Cuando estaba a punto de proferir un sollozo papá contestó que en toda su vida no había matado a nadie. Y enseguida me aclaraba ya con el gesto serio -mientras mi corazón volvía al cuerpo- que pese a ser un policía…nunca dejó de ser un liberal gaitanista y que esa filiación política la había ocultado siempre, no sólo para proteger su vida sino las de decenas de familias perseguidas por la violencia conservadora; también, para burlar órdenes que consideraba no eran correctas y procurar justicia donde la situación lo requiriese.

A partir de ese día, todo parecía más comprensible y el enredo de ideas que tenía en mi cabeza empezó a clarificarse. Por ejemplo comprendí por qué mamá siendo liberal se había casado con un policía. Así mismo entendí la diferencia entre un “pájaro” y un “guerrillero” Supe también desde aquella vez que en las filas de la policía había gente “buena”, y años después convertido en un activista estudiantil rechacé aquella consigna dogmática tan en boga entre los universitarios, que consideraba que todos los militares eran asesinos. Sin embargo, la mejor lección que me aportaron estas conversaciones con ustedes y que se hicieron cada vez más frecuentes fue que independientemente de donde estuviera, debía tomar siempre partido a favor de los débiles y manifestar mi indignación contra toda injusticia.

Fue en esos tempranos años de mi vida que empecé a interesarme por la historia política del país y aquella vieja biblioteca de madera, que aún sobrevive en la casa. Se abrió para mí como si se tratase de un tesoro escondido: “Viento seco” de Daniel Caicedo;”Lo que el cielo no perdona” de Fidel Blandón; “Un aspecto de la Violencia” de Alonso Moncada; “13 años de violencia” cuyo autor ya no recuerdo, fueron obras que devoré en cuestión de días. Sin embargo, el libro que más me impactó fue el de “Las guerrillas del Llano”. Su autor, Franco Isaza, había participado en la contienda. Recuerdo que en la biblioteca papá tenía la primera edición impresa en Caracas (Venezuela) y que circuló clandestinamente bajo la dictadura del General Rojas Pinilla, con un prólogo de Plinio Apuleyo Mendoza donde exaltaba “la heroica resistencia guerrillera del partido liberal”. Tendría siete u ocho años cuando lo leí ávidamente en una de esas vacaciones escolares. Con gran crudeza Isaza retrataba allí las sangrientas masacres cometidas por los chulavitas en los poblados de El Llano, pero al mismo tiempo explicaba como los peones llaneros se fueron armando para defender sus vidas y propiedades, primero en alianza con los hacendados liberales y luego en contra de los mismos, que se pusieron al lado de los conservadores.

En las diferentes conversaciones con mi compañero de patio Heli Mejía, más conocido como “Martín Sombra” he recreado estas historias. “Sombra” me cuenta como su madre y sus tías fueron violadas y luego asesinadas por la policía chulavita; y como su padre, poco después corrió la misma suerte: “Ante el cuerpo agonizante de mi papá –me relata Sombra – juré que moriría como un guerrillero, por eso jamás me amnistié y en 1966 me vinculé a los núcleos iniciales de las FARC”. Sombra es un vivo ejemplo de la continuidad – y a la vez discontinuidad – de la lucha guerrillera en Colombia. Un conflicto que empezó planteándose como un enfrentamiento entre liberales y conservadores, pero que en los años sesenta adquirió claros contenidos de clase, como quedó consignado en el “programa agrario de los guerrilleros” (FARC) y el Manifiesto de Simacota (ELN).

Hace más de un cuarto de siglo que en mi tesis de licenciatura en Ciencias Sociales empecé a investigar este pasado histórico, porque creí ver en él, algunas claves para comprender la actualidad del conflicto armado en Colombia. Fue así que me interesé por estudiar las guerrillas liberales del Llano. Eran los tiempos del proceso de paz del presidente Belisario ojo Betancur y, desde diferentes sectores del Estado se presionaba para que los combatientes se desmovilizaran y entregaran sus armas. La investigación que realizamos en coautoría con un compañero de estudio, hijo de un exguerrillero liberal; nos llevó a concluir que los guerrilleros del llano habían sido traicionados por el General Rojas Pinilla quién solicitó a los rebeldes que entregaran sus armas a cambio de promesas de paz que nunca cumplió, contrario a ello muchos fueron judicializados y asesinados. Por eso en la introducción a nuestro trabajo investigativo señalábamos que la derrota del movimiento guerrillero se convertía en una victoria, porque jamás se volverían a ver filas de insurgentes entregando sus armas a sus verdugos.

Sin embargo, la historia se encargó de desmentir parcialmente aquella afirmación. Años después, los guerrilleros del M-19 haciendo caso omiso de esta lección histórica, entregaron sus armas y muchos de ellos fueron asesinados empezando por su máximo jefe, el comandante Carlos Pizarro León Gómez pese a contar con más de 20 guardaespaldas. Muy otra fue la suerte de los combatientes de las FARC que se acogieron al proceso de “cese al fuego tregua y paz” se negaron a hacer entrega de las armas y anunciaron al país la formación de un nuevo movimiento político, que se conoció como la Unión Patriótica (UP).

Me vinculé a las filas de la Unión Patriótica desde sus inicios mismos, porque vi en este movimiento amplio, la posibilidad de un cambio democrático por las vía pacíficas. Sus propuestas de reforma política, agraria y social llamaron mi atención, así como su compromiso con la búsqueda de una salida política al conflicto colombiano. La candidatura del ex magistrado Jaime Pardo Leal colmó todas mis expectativas: su verbo encendido, su tradición de lucha, su capacidad intelectual y su formación académica me convencieron de participar, por primera vez, en una contienda electoral. Pero la oligarquía de este país al ver amenazado sus mezquinos intereses, exterminó a “sangre y fuego” este experimento político.

De pronto empecé a sentir con horror que esas historias de la violencia que ustedes relataban en mis años de infancia, no eran cosas del pasado sino del tiempo presente: cuerpos cortados con motosierra o arrojados como alimento a los cocodrilos, asesinos que jugaban fútbol con las cabezas de sus víctimas, hombres, mujeres y niños descuartizados, poblaciones enteras arrasadas, marchas campesinas acribilladas indiscriminadamente ; sindicalistas, estudiantes y líderes populares desaparecidos, guerrilleros desmovilizados asesinados impunemente y centenares de fosas comunes repartidas por todo el territorio colombiano.

Así vi desvanecerse el Partido de la “vida y la esperanza” para convertirse en “el partido de la muerte”: senadores, representantes a la cámara, concejales, alcaldes populares y militantes de base de la UP, fueron exterminados bárbaramente. Tengo en mi mente grabado los nombres de Leonardo Posada, Pedro Nel Jiménez, Teófilo Forero, José Antequera, Pedro Luis Valencia, Bernardo Jaramillo, Miller Chacón, Manuel Cepeda y miles de compañeros más que desaparecieron bajo este huracán de muerte desatado desde las altas esferas del poder. Sin embargo, nadie como la familia Cañón Trujillo encarnó tan trágicamente, el drama de la “guerra sucia”, la desaparición forzada, la tortura y el desplazamiento que padecimos los militantes de la Unión Patriótica en aquellos años: el padre, Julio Cañón, alcalde popular de esta colectividad política en el municipio de Vistahermosa, fue asesinado; dos de sus hijos acribillados (uno de ellos presentado como guerrillero muerto en combate); el tercer hermano desaparecido y, otro más, torturado; mientras que los sobrevivientes – entre ellos Carmen Trujillo, madre cabeza de familia – se vieron forzados a abandonar la región.

El ciclo de exterminio contra la Unión Patriótica alcanzó para mí su punto máximo, cuando un domingo 11 de octubre, cerca de las 4 de la tarde, hace ya 22 años, escuché por radio la terrible noticia del asesinato de mi maestro, amigo y compañero de lucha Jaime Pardo Leal, entonces candidato presidencial de esta organización política. Aquel día no pude contener mi indignación y, como miles de compatriotas salí a las calles de Bogotá a manifestar mi espontánea protesta por el aleve asesinato de nuestro líder popular que un mes antes había denunciado con nombres propios a los altos mandos militares comprometidos con los crímenes de la Unión Patriótica.

Las barricadas en las calles céntricas de la capital, el apedreamiento de las entidades financieras, la quema de buses y el saqueo de los almacenes me recordaron, inevitablemente, las escenas del 9 de abril de 1948, que ustedes habían vivido y que tantas veces repasé en mis lecturas universitarias. Para mi desgracia, esa noche terminé encerrado en un frío y oscuro sótano de la estación de la Policía del Ricaurte, donde fui torturado – y estuve a punto de ser desaparecido – por cuenta de un corpulento hombre al que, supe después, sus compañeros le llamaban “Rambo”, aludiendo a la rudeza del protagonista de esta cinta gringa.

Por un feliz equívoco del centinela de turno, que me confundió con otro de los detenidos, obtuve milagrosamente mi libertad en las horas de la mañana del día siguiente. Consciente de la distracción del guardia que seguramente debió ser duramente sancionado salí tembloroso, con el temor de que se dieran cuenta del error antes de cruzar la puerta que daba a la calle; mis piernas apenas si me respondían y mi corazón parecía explotar. En estas condiciones todavía no me explico cómo llegué hasta la casa, que se encontraba a una hora del sitio donde permanecía detenido.

Recuerdo que ustedes, junto con mis hermanos y hermanas, estaban reunidos en la sala. Papá se hallaba con la oreja pegada al radio, como esperando algún boletín informativo que diera cuenta de mi paradero; mientras que mi mamá junto con mis hermanas, oraba frente a un cuadro del Corazón de Jesús que siempre nos acompañó. Mi aparición en la sala de la casa fue como la imagen de un Cristo recién resucitado entre los muertos, solo que en lugar de lucir una larga túnica blanca, vestía una camisa y un pantalón completamente destrozados. Mi cuerpo estaba lacerado por todas partes, mi cabeza amoratada, mis brazos con profundas escoriaciones y mi ojo izquierdo, convertido en un gelatinoso coágulo de sangre.

De los abrazos, las lágrimas y la alegría del reencuentro, muy pronto se pasó a la rabia e indignación por el maltrato que yo había recibido. Ese mismo día papá redactó un memorial escrito a máquina y dirigido al comandante de la estación Ricaurte. Luego de identificarse como suboficial de las Fuerzas Militares “en uso de buen retiro” se lo entregó a un Mayor que tenía a cargo el comando, no sin antes pronunciarle un largo discurso, donde le recordaba que la función de la policía era defender la integridad de la población civil y no atropellarla; que en sus más de veinte años de servicio jamás había actuado en contra de ella, pese a haber vivido los duros años de la violencia para luego concluir su alegato diciendo: “ahora si entiendo por qué los mata la guerrilla!!”

Con mis hermanos y mi madre pensamos que a Papá lo iban a dejar allí y que terminaría reemplazando mi lugar en el calabozo, pero contrario a ello, el oficial de la policía lo escuchó atentamente y con su silencio pareció darle toda la razón. Cuando Papá regresó a casa – feliz por la catarsis hecha – todos soltamos la respiración que hasta entonces teníamos contenida.

Después de este bárbaro episodio, estuve varios días muerto del pánico, esperando que en una esquina cualquiera apareciera “Rambo”, montado en su moto y dispuesto a concluir su bestial tarea. Por fortuna, esto nunca sucedió y venciendo mis miedos interiores asistí al sepelio de Jaime Pardo Leal y de muchos compañeros más. Sentíamos para entonces – como en aquel famoso tango de Gardel – que era “un soplo la vida”. Así, tal vez sin darnos cuenta, pasó algo terrible, algo que jamás debió suceder: ante lo efímero de la vida nos enamoramos de la certeza de la muerte.

Reíamos, bailábamos, soñábamos y nos acostábamos con ella. Cada día, cada minuto y cada segundo que vivíamos intensamente era un instante que le hurtábamos a la muerte. No hacíamos juramentos de amor, no prometíamos estrellas azules pero estábamos dispuestos a darlo todo, porque la vida no nos pertenecía y en cualquier momento llegaría la bala asesina.

Empezamos entonces a rendirle un culto religioso a Thanathos. Nuestros sueños, nuestras palabras, nuestros silencios, nuestros versos y hasta nuestras consignas estaban impregnadas de un hálito de muerte: “los muertos no se lloran – solíamos gritar en las marchas – se levantan sus banderas y la lucha continúa”… Sin embargo, en secreto llorábamos sus ausencias y lamentábamos la oscura desgracia de estar sin ellos. Uno de nuestros juegos predilectos era relatar cuál sería nuestra última voluntad: “Yo deseo que mi cadáver lo incineren y las cenizas las lancen al rio Magdalena” – decía alguien -; “yo prefiero en cambio que mi cuerpo lo sepulten bajo tierra y sobre él planten un árbol que crezca hasta el infinito” – intervenía otra voz; mi deseo lostrero era que durante mis honras fúnebres cantaran la “canción del elegido”, que iniciaba así: “siempre que se hace una historia, se habla de un viejo, de un niño o de sí; pero mi historia es distinta, no voy a hablarles de un hombre común, haré la historia de un ser de otro mundo, de un animal de galaxia; es una historia que tiene que ver con el curso de la vía láctea. Es una historia enterrada, es sobre un ser de la nada […]. Su letra me recordaba una de mis lecturas preferidas cuando era niño: “El Principito”.

El culto a la muerte lo acompañamos de un total cinismo para encarar la misma:

¿Y el compañero qué medidas ha tomado para hacerle frente a la muerte ? – preguntaba alguien ingenuamente- . “Las del ataúd, por supuesto”, contestaba el aludido, sarcásticamente.

En otra ocasiones cuando alguien comentaba que un amigo nuestro se había convertido en un cuadro político nacional, no faltaba quien anotara con ironía “es cierto, pero si se descuida en poco tiempo se convertirá en un cuadro en la pared “. No le faltaba razón porque las sedes de la UP estaban llenas de cuadros de dirigentes de la UP que fueron asesinados. Con el tiempo estos cuadros se fueron poblando de la imagen borrosa de centenares de amigos y amigas que nos dejaron y de los cuales solo quedó su recuerdo en la mente de aquellos que compartimos sus ideales, sus luchas y sus batallas, y que, pese a ello, sobrevivimos a esa barbarie.

Sí, Yo fui uno de sus sobrevivientes. No me explico ¿cómo? Ni ¿por qué? “las ánimas benditas” diría mi abuela Sofía, las mismas que la resguardaron de los “godos “cuando con ocho meses de embarazo, cargo el cuerpo ensangrentado de su esposo; las mismas que en medio de la chulavitada protegieron la vida de ustedes, unos liberales de cepa; las mismas que las escoltaron cuando tuvieron que abandonar la finca cafetera y radicarse en Bogotá para escapar del terror de “los pájaros”.

Claro, también pagué mi precio, sin embargo nada comparable con la entrega de la vida. En varias ocasiones fui golpeado y torturado por la policía y la última de estas veces – hace más de veinte años – permanecí preso en esta misma cárcel durante dos largos meses, pero la verdad se impuso y el juez declaró mi inocencia. Recuerdo que en esa oportunidad varios universitarios fueron golpeados y detenidos conmigo, y mamá con llanto en los ojos, aunque con un poco de alivio me dijo: “ mijo, gracias a Dios que a usted no le hicieron lo de ese pobre muchacho que lo arrastraron por el suelo, jalándolo del pelo, lo subieron a una camioneta y le rompieron un casco en la cabeza? Como habrá sufrido su angustiada madre!. Yo apenas asentí con mi magullada testa, pero jamás me atreví a contar que “ese pobre muchacho” había sido yo.

Pero toda experiencia por difícil que sea siempre aporta lecciones positivas y, para ustedes, este doloroso episodio les dejó en claro que ya en esos años, liberales y conservadores actuaban con la misma inquina contra la oposición o ¿ acaso este genocidio y persecución contra la Unión Patriótica no estaba ocurriendo bajo el régimen “liberal” de Virgilio Barco que ustedes habían respaldado en las urnas?, con cierta resignación tuvieron que admitir que la política, ya no era como en el pasado, un asunto entre “godos” y “cachiporros” – aliados por el pacto del Frente Nacional- sino como en su momento lo señaló Gaitán: un enfrentamiento del país Nacional contra las oligarquías plutocráticas incrustadas en los dos partidos tradicionales; porque “el hambre no es liberal ni conservadora”. Desde entonces, optaron por apoyar los candidatos de la izquierda. Y dramáticamente la historia parecía repetirse. Así como los gaitanistas que sobrevivieron a la violencia de los años 40, organizaron los primero núcleos de resistencia armada para defender su vida y la de sus familias, muchos sobrevivientes de la Unión Patriótica no tuvieron otra alternativa que enmontarse. Ricardo Palmera, hoy conocido como “Simón Trinidad,” ilustra claramente esta parábola de vida, como lo registra el periodista Jorge Enrique Botero en su libro: “Simón Trinidad. El hombre de Hierro”.

Aunque en ese momento entendí que la guerrilla constituía el único camino que el sistema dejaba para aquellos que mantenían sus ideales de lucha por una sociedad más justa, nunca me atreví a dar semejante paso, aunque siempre miré con respeto y admiración a aquellos que lo hicieron.

Tres motivos tuve para no hacerlo: En primer lugar, papá que toda su vida portó una pistola con salvoconducto, hasta que tuvo que empeñarla para solventar una crisis económica familiar, nos inculcó el respeto por las armas –“ojala nunca tengan que utilizarlas”- nos decía frecuentemente. Coherente con este pensamiento, una noche en que sorprendió robando en la sala de la casa a dos hombres, papá hizo un disparo al aire, como dándole tiempo a que escaparan. Nosotros preguntamos ¿Por qué no los había herido si la ley lo amparaba? “Porque no era necesario – dijiste – es posible que hayan sido vecinos seguramente tendrán hijos bajó su cuidado. Que no merecen quedar huérfanos”. Capté el mensaje inmediatamente, pese a que durante años lamenté que aquellos hombres se hubiesen llevado un tomo de mi Manual de Historia de Colombia.
En segundo lugar, no tomé el camino de la lucha armada, porque mi constitución física siempre fue frágil. Mis amigos decían burlonamente que a mí solo me daban dos gripas en el año y que cada una duraba seis meses. Por eso entiendo su preocupación cuando en las imágenes de mi detención me presentaron esposado y cubierto con un tapabocas. Ustedes como muchos debieron pensar que como venía de México portaba el virus AH1N1. De tenerlo, hubiese muerto irremediablemente porque las autoridades Colombianas en su afán de “legalizar mi captura” se negaron a practicarme una prueba de laboratorio ( en este país se necesita ser Presidente o Ministro para recibir atención médica inmediata).

En tercer lugar nunca pensé ser guerrillero porque desde niño mi pasión eran los libros, no las armas. El dinero que recibía de mis onces y mis tíos lo ahorraba para después invertirlo en libros. Papá decía que cuando grande yo sería “catedrático”, no sabía qué cosa era eso, pero me entusiasmaba la idea de ganarme la vida siendo una enciclopedia ambulante , como los “catedráticos “Abelardo Forero Benavides y Ramón de Zubiría; mamá en cambio me miraba con ojos de admiración y extrañeza: le preocupaba que no saliera a la calle a jugar con los otros niños y que prefiriera quedarme en la terraza leyendo todo el día.

Con el tiempo los viajes, las vivencias en otras ciudades de fuera y dentro del país, y la condición de ser padre enriquecieron mis lecturas. Pero en medio de todas estas experiencias, la pluma y el pensamiento fueron las únicas armas que aprendí a manejar. Convertido en científico social, y comprometido con la verdad, no he dejado de utilizar estas armas para pensar la realidad de este país; para denunciar los crímenes de Estado; para desnudar las alianzas de las elites gobernantes con el narcotráfico; para develar la naturaleza “terrorista” del estado que exterminó a más de cinco mil militantes de la Unión Patriótica y a millares de líderes de la oposición. En una palabra, para descubrir los horrores de este conflicto armado y social que el presidente Uribe quiere negar, a través de su mal llamada “Seguridad Democrática” calificando de “terrorista” la resistencia política y social del pueblo colombiano y la actividad de académicos que queremos investigar esta realidad.

De José Martí aprendí que “trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”, por eso mis únicos campos de batalla han sido las aulas universitarias en las cuales han transcurrido las dos terceras partes de mi vida. En la Universidad Distrital y Nacional y no en la Unión Soviética curse simultáneamente mis estudios de pregrado. Ustedes lo saben mejor que nadie, por los grandes esfuerzos económicos que realizaron para que yo pudiese mantener ese privilegio. Reunir el dinero para los pasajes del bus; comprar las fotocopias (porque los libros era imposible) constituía una lucha del día a día, que pudimos sortear con éxito gracias, también, a la ayuda de mis hermanas mayores que, a diferencia mía, tuvieron que trabajar para pagar sus estudios profesionales.

Jamás estuve en la Unión Soviética ni como estudiante ni como visitante y desafortunadamente ya no podré hacerlo, porque la URSS desapareció hace ya casi dos décadas. Sin embargo, siempre he mantenido una profunda admiración por la Revolución de Octubre, antes que las prácticas estalinistas y burocráticas la pervirtieran. Pero mis preocupaciones por América Latina me llevaron a México, donde pude cursar una maestría gracias a una beca que me otorgó la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) tras una rigurosa selección entre profesionales egresados de las más reconocidas universidades del país.

Al concluir estos estudios opté por seguir con un doctorado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); nunca pagué un peso por concepto de matrícula, porque en México la educación pública es gratuita. Ese fue uno de los grandes logros de la revolución mexicana que el próximo año conmemora su primer centenario.

Pese a estos beneficios, fueron tiempos difíciles, mi hijo, Ernesto, estaba de brazos, pero con su madre sobrevivíamos a punta de tortilla y de los escasos subsidios que aún mantenía el Estado mexicano. Por eso, aunque hoy el gobierno de Felipe Calderón (cuya elección estuvo signada por el fraude electoral) haya echado por la borda, con mi deportación, una larga tradición diplomática de independencia y solidaridad con la lucha de los pueblos latinoamericanos, mantengo mi sentido de gratitud con mis hermanos Mexicanos, de ellos siempre he recibido solidaridad y hospitalidad.

En la UNAM tuve la oportunidad no solo de obtener un Doctorado – cuya tesis recibió mención honorífica - sino de conocer centenares de investigadores comprometidos con un proyecto de sociedad más justa y equitativa, y que enriquecieron mi perspectiva latinoamericana. Algunos como René Zavaleta Mercado, Ruy Mauro Marini, Sergio Bagú y Agustín Cueva, ya no están con nosotros; otros siguen activos y han sido para mí un ejemplo de militancia con la verdad y el pensamiento crítico.

Por eso cuando el Centro de Estudios Latinoamericanos, (CELA), espacio por excelencia de esta producción académica crítica, me brindó la posibilidad de realizar una estancia postdoctoral, no dudé en aceptar la invitación y a través de la Universidad tramité una comisión de estudios. Claro, también hubo otros factores que precipitaron mi decisión: desde hacía varios meses estaba siendo víctima de persecuciones y hostigamientos por parte de los organismos de seguridad del Estado. De ningún modo quise que ustedes se enteraran de esta situación. No quería generarles más preocupaciones. Tampoco se lo dije a mis estudiantes y solo conversé acerca de mi situación con un par de colegas que me brindaron su total apoyo. Por eso mi viaje fue repentino y discreto a la vez.

En el momento en el que fui arbitrariamente privado de la libertad por las autoridades migratorias mexicanas, me encontraba concluyendo esta estancia postdoctoral. No estaba reclutando milicianos ni organizando células terroristas. Es posible que los gobiernos de Felipe Calderón y Álvaro Uribe, consideren que formar una conciencia crítica y adelantar investigaciones sobre la historia política de México y Colombia sea una “actividad terrorista”. Desde el 11 de septiembre los sectores de ultraderecha han recurrido al pretexto del “terrorismo” para perseguir no solo a los movimientos de oposición sino también a los intelectuales críticos.

Mi vida ha estado estrechamente ligada a la actividad académica en la universidad pública, desde hace tres décadas, cuando me vinculé a ella, primero como estudiante y posteriormente como docente: La Universidad Distrital, La Universidad de Cundinamarca, La Universidad del Cauca, La Universidad de Antioquia y la Universidad Nacional pueden dar fe de ello. Por eso puedo decir que la persecución de la que hoy soy víctima no solo una persecución contra mí sino contra la universidad pública en su conjunto.
Querido padres, traicionaría vuestro legado y el de mis maestros - entre ellos el de Jaime Pardo Leal, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna – si ante las amenazas de un fiscal, que promete confinarme más de 40 años en esta cárcel, por los delitos de “concierto para delinquir con fines terroristas”, “rebelión” y “financiamiento de grupos terroristas”, me retractara de las ideas de justicia que he defendido en mis cátedras, en los diferentes foros públicos y en mis escritos.

Traicionaría también a mis estudiantes, a mis amigos (as)y al pueblo colombiano, si claudico ante las presiones de un gobierno narcoparamilitar. Sé que millares de manos se han unido para defender la libertad de pensamiento, se que miles de voces se han juntado para lanzar un grito de justicia; se que más temprano que tarde, los cambios que reclama este país se abrirán camino, y los opresores de hoy estarán mañana arrodillados implorando clemencia ante el tribunal de la historia.

Queridos padres, solo quisiera que la vida les regalara unos años más de existencia para ver florecer en nuestro territorio, una nueva Colombia, donde los niños no tengan que llorar la ausencia de sus padres muertos en la guerra; donde el campesino tenga un pedazo de tierra y ayuda técnica para trabajarla; donde la educación, la salud y la vivienda sean un derecho prioritario y no el privilegio de unos pocos; donde los que ejercemos el pensamiento crítico no seamos tratados como terroristas.

Mis queridos viejos, pueden sentirse felices de que su hijo esté hoy sentado en el estrado de los acusados no por asesino y corrupto, sino por defender los ideales de justicia y libertad que ustedes me inculcaron de niño y que llevo en mi corazón como el más preciado tesoro que me ha regalado la vida. Por eso, si este tribunal que hoy me juzga me llegase a condenar, asumiré con firmeza y dignidad su fallo, porque me anima la convicción de miles de hombres y mujeres que soñamos con “otra Colombia posible”.









Abrazos fraternales, su hijo
MIGUEL ANGEL BELTRAN VILLEGAS
Cárcel Nacional “Modelo”, Pabellón de alta seguridad

martes, 3 de noviembre de 2009

UNIVERSIDAD PÚBLICA AMENAZADA


Desde hace semanas, el movimiento estudiantil universitario se ha reactivado, las razones son las siguientes:

1. El pasivo pensional y la concurrencia: Tras la aprobación de la ley 100 de 1993, los beneficios pensionales para los profesores y trabajadores de la universidad se vieron recortados por razones de presupuesto a partir de la fecha. Pero, además de recortar los beneficios, el Estado ha venido exigiendo que la Universidad tenga que sacar de su bolsillo para pagar un porcentaje de los beneficios pensionales anteriores a 1993. El monto total del pasivo pensional, para el 2007, era de 2 billones de pesos. Si consideramos el monto total del pasivo pensional, el porcentaje que llegara a pagar la universidad sería desastroso, por más mínimo que sea dicho porcentaje. Por eso exigimos que el Estado se haga responsable de las pensiones, porque nos parece injusto que les hayan descontado del sueldo a los trabajadores y profesores con fines de ahorro para pensión, para que ahora les estén cobrando de nuevo.


2. Presupuesto congelado desde 1993: Con la aprobación con la ley 30 de 1992 se establece que el presupuesto de las universidades aumentará según el índice de precios al consumidor. Esto en apariencia es bueno. Pero el problema de la ley es que aumenta el presupuesto según lo que la universidad tenía en 1993, desconociendo que ahora hay nuevos profesores, más laboratorios, más estudiantes, más postrados, y una nueva sede. Por eso la universidad, ha hecho mucho más, con menos plata. Por esta razón, la situación de la universidad se ha vuelto inviable.


La situación de la crisis financiera de las universidades no es solo discurso ni exageraciones de los y las estudiantes, es una realidad reconocida incluso por las directivas de la Universidad Nacional. Beatriz Sánchez, vicerrectora general ha manifestado que “si las cosas siguen así, en 2011 la universidad será inviable y empezarían a cerrarse programas”. Además de esto, estudios de profesores de la Universidad, han reconocido que para el funcionamiento de las universidades del país para el 2010 el Estado debe desembolsar aproximadamente 605.000 millones de pesos. Por eso, los 160.000 millones de pesos aprobados por el congreso el martes de la semana pasada son insuficientes, teniendo en cuenta que ni siquiera van directamente al funcionamiento de las universidades, sino que van para el ICFES y para el ICETEX.


Exigimos que el Estado desembolse el dinero correspondiente para el mantenimiento de las universidades. Aunque parezca mucho dinero, en realidad no es tanto, teniendo en cuenta que el gobierno gastó en el 2008, el 6.5% de toda la plata que hay en el país, es decir, del producto interno bruto, en la guerra (22.21 billones de pesos. Esto equivale a 37 veces de lo que necesita la universidad pública para sobrevivir (!!!).


No es falta de plata sino de voluntad política. ¿Por qué cuando se iban a arruinar los bancos impusieron el 3 por mil para salvarlos, y ahora no hacen nada por las universidades? Debemos exigir que del 4 por mil que ahora todos los colombianos pagan a los bancos y a la guerra, haya un 1 por mil para financiar la educación pública de calidad para todas y todos los colombianos.

Encuentra más info en www.redrevuelta.org